Finalmente la tarde del domingo terminó mejor que había empezado. Me decidí a llamar a mi buen amigo JL. Por muchos compromisos que tenga siempre te dirá que corras a su lado, que nunca estás de más y que lo llames siempre que quieras.

Hice bien en llamarlo. Como suponía, me dijo que estaba en su casa y que fuese directamente que ya veríamos que hacer después. Me dí una ducha, me cambié de ropa y cogí el coche hacia pueblo-de-JL. Cuando iba por el camino puse cadena 100 y resulta que el tema de conversación del programa que estaban emitiendo era... la comunicación.

Analizaban la situación actual de las personas con sus vecinos. Las noticias sobre gente anciana que muere en sus casas rodeados de basura sin que nadie se diese ni cuenta también fue tema de conversación. Hicieron especial hincapié en que había gente que prefería quedarse en su casa antes que ir a escuchar tonterías sin sentido porque necesitaban una comunicación mejor, hablar lo que sentían y lo que pensaban... En ese grupo me sentí bastante identificado. Me acordé de éstos y sus tonterías. Me acordé de que nunca he hablado con ellos sobre nada transcendetal. La típica broma, el chistecito, el cómo te va y punto final.

Así es. Hay tanta gente que se siente de este modo que hasta fue tema central del programa de radio del domingo por la tarde. Es un problema en la sociedad. Siempre nos han dicho que para acabar con un problema hay que atacar la raiz. La raiz parece ser el problema de la comunicación.

Recuerdo en traslados por motivos laborales que hacían mis padres en mi infancia, que siempre que llegábamos a un piso o nueva comunidad, se hacía café, se invitaba a los vecinos y entre todos nos conocíamos un poco mejor mientras los niños jugábamos y entablábamos amistades. Hoy en día tengo la impresión de que eso no se hace. Eso no se hace en las grandes ciudades pero es que ya tampoco se está haciendo en los pueblos. De hecho si alguien llega a un piso nuevo y se le ocurre llegar de ese modo las reacciones pueden ser bastante variadas. Al menos es la impresión que tengo. Por eso cada uno prefiere quedarse en su nido. Buenos días si te encuentro en la escalera y buenas noches si me voy a dormir. Pero una gran falta de comunicación reina en el ambiente.

Respecto a esta falta de comunicación también me gustaría recordar un poco la conversación que tuve con joven-loquita en sábado por la tarde. Fue algo así como:

- Oye que si yo...
- ¿Qué quieres tomar?
- Pues eso, que si van a venir tus amigos pues...
- Sí vale, pero todavía no han llegado
- Vale pues antes de que vengan yo...

Y fui gentilmente acompañado hacia la salida. Lo que quería decirle era algo tan simple como:

- ¿Tu idea es que me vaya antes de que tus amigos lleguen o te apetece que vaya con vosotros de fiesta?

Es muy sencillo ¿verdad?. ¿Por qué no fui capaz de decirlo así? ¿a qué tuve miedo? La respuesta la dejo como ejercicio para el lector.

Pero en realidad lo que yo vine a contar aquí fue la tarde del domingo. Cuando llegué a casa de JL me encontré mesa y mantel y una gran merienda digna de las mejores celebraciones. Acompañando a JL y su señora esposa estaban su hermano y una bella dama que llamaré Elsa. Cuando llegué pensé que Elsa era la novia del hermano pero conforme fue avanzando la tarde terminé viendo que realmente era una amiga de la mujer de mi amigo. Soltera y sin compromiso. Algo tan difícil de encontrar hoy en día. Era preciosa, unos ojos azules profundos y una sonrisa eterna. Son dos factores que observo mucho en las mujeres: su ojos y su sonrisa. Y los dos factores me gustaron, me gustó cómo hablaba, su forma de ser y de pensar... ¿volveré a verla? quién sabe...

Lo que sí es cierto es que me puede venir bien pensar en ella con objeto de olvidarme un poco de estar algún día con joven-loquita en una relación algo más que de amistad.